D’Artacán: viaje a una infancia nostálgica.

¡Buenos días, brujis! Un viernes más, traigo reseña de serie cortita y, por qué no decirlo, ya algo añeja. Sin embargo, pronto os daréis cuenta de que no ha envejecido tan mal como otras. Estamos hablando… de “D’Artacán y los tres mosqueperros”

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Basada en “Los Tres Mosqueteros” de Alejandro Dumas pero de animación japonesa, esta serie nos cuenta las aventuras de D’Artacán, un joven gascón cuyo sueño es ir a París y ser mosqueperro del rey. Allí conocerá a Juliet, el amor de su vida; Pontos, Dogos y Amis, los tres mosqueperros; y a su fiel criado Planchet.

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Ahora bien, ¿qué os suena extraño o desconocido en esta sinopsis con respecto a la historia original de Dumas? Cambian cosas, ¿verdad?

Personajes

La primera y más importante, el tipo de personajes. Todos son animales y la mayoría, perros de razas más o menos identificables. Cierto es que dicen que D’Artacán es un Beagle como Snoopy, pero yo no veo por ningún lado características de esa raza (sacando mi faceta veterinaria a relucir). En el caso de Pontos y Amis son más reconocibles, un Pastor Alemán y un Galgo Saluki, respectivamente. Pero en el caso de Dogos llegamos a la discordia otra vez. ¿Qué es, un San Bernardo como defienden algunos o un Mastín de los Pirineos, como argumentan otros?

Pues al margen de discusiones, llega un momento que el tema de las razas es casi más una anécdota que otra cosa, puesto que te hacen centrarte pronto en las aventuras de D’Artacán y sus amigos. Por cierto que su criado es un oso y uno de sus mejores amigos, un ratón… Variedad que no falte.

Trama: original vs animación

Reconozco que siendo seguidora de Los Mosqueteros desde hace muchos años y habiendo leído la novela original, no me sorprendió la trama desarrollada hasta casi el final de la misma; es decir, las intrigas de Richelieu para minar el poder del rey y la confianza en la reina Ana, así como pretender tomar las riendas del poder en la Francia de Luis XIII. Igualmente, no me resultó ajena la aparición de Milady, condesa de Winter, aunque sí hubiese esperado que desarrollaran un poco más la relación con Pontos (Atos, en la versión primigenia) como en la historia original. Sí que es cierto que en un momento dado admite conocerla, pero luego al enfrentarse con ella no duda un instante y se comporta con la misma neutralidad que sus compañeros.

El asunto entre Juliet y D’Artacán reconozco que lo tengo más oxidado, aunque me sonaba que las cosas no terminaban de salirles muy allá en la novela. Aun así, su relación me parece un tanto sosa, además de que el protagonista de bueno parece tonto y no se enfada nunca con ella por dejarle tirado aun cuando él ha arriesgado el pellejo por salvarla, sean cuales sean sus motivos. De todas formas, sí queda patente que el novato hasta en temas amorosos es D’Artacán por ser el más joven del grupo, puesto que Pontos, Dogos y Amis se demuestra que están más curtidos en esas lides. Eso sí, nunca he sabido exactamente cuántos años se llevaban entre ellos y se me ha quedado sin aclarar 😛

Richelieu y Rochefort

Richelieu, como todos sabréis, fue efectivamente cardenal en la época de Luis XIII, aunque la maldad creo que es más parte de la ficción escrita en su día por Dumas y aquí adaptada en la forma de una especie de zorro malencarado.

El conde de Rochefort, por su parte, sí que es desde siempre rival de D’Artagnan, por lo que en el paso a la serie de D’Artacán no podía faltar. Eso sí, no me convenció su final del todo, hacía que la trama quedase un poco cogida por los pelos aunque el argumento para cambiar de parecer era totalmente válido en la época.

La adaptación a España

Al terminar de ver el primer capítulo, cuál no fue mi sorpresa al ver que aparecían títulos en español. Mi primer pensamiento fue: “¿esta serie es española y nunca lo he sabido?” Pero no, mi gozo en un pozo. Es japonesa y como ya sucedía en otras series reseñadas en este blog, sus adaptaciones cambian mucho al pasar al mundo occidental. Si además consideramos que es una serie de 1981, las cosas se hacían de otra manera. De todas formas, me gustó comprobar en los títulos que mis suposiciones sobre los dobladores –algunos aún vivos como Claudio Rodríguez o un jovencísimo José Luis Gil- eran acertadas. Además, si consideramos que este último doblaba a mi querido Amis (sí, Aramis siempre ha sido mi debilidad mosqueteril, confieso xD) pues ya para qué pedir más…

Así y sin dejarme nada en el tintero, creo, le voy a poner a la serie un 3,75/5 y os animo a todos los nostálgicos de infancia de mi generación que volváis a verla ahora que la reemiten en Disney Channel y Netflix.

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